“Ejemplos de vida como el del ex senador Boeninger es lo que la política necesita para recuperar el prestigio perdido”


Con profundo recogimiento el Presidente del Senado, Jovino Novoa destacó la obra y el legado político del fallecido ex senador Edgardo Boeninger:”su ejemplo de honesta y desinteresada entrega al servicio público, es lo que la labor política necesita para recuperar el prestigio y la valoración que ha perdido”, dijo.

El titular de la Corporación fue uno de los oradores en los funerales del ex ministro que se efectuaron en el Cementerio Parque del Recuerdo con la presencia de las más altas autoridades del país, dirigentes políticos, familiares y amigos.

Recordó que “el Senado conoció íntimamente a Edgardo Boeninger como el gran ministro que fue de don Patricio Aylwin. Fue el encargado de relacionarse con el Congreso y, en esa relación, buscar los acuerdos, los entendimientos y crear el clima, que hicieron que ese gobierno culminara en forma exitosa la tarea quizás más difícil que le pueda tocar a un gobernante: gobernar en paz, después de un largo período de un gobierno militar”.

Añadió que la figura del ex Ministro contribuyó a “facilitar el paso de un régimen, por definición de excepción, hacia uno permanente, con respeto a todas las posiciones; corregir lo que había que corregir, preservando aquello que era bueno para el país”.

El senador Novoa agregó que “las estadísticas le jugarán una mala pasada a este brillante ingeniero. No hay estadística ni registro alguno que sea capaz de seguirle la pista a este legislador que participaba en todas las Comisiones, que se interesaba en todos los proyectos, que se esmeraba por lograr acuerdos y producir buenas leyes. Porque Edgardo se caracterizó también, en su paso por el Congreso, por sus dotes de articulador de acuerdos y su permanente dedicación a los grandes temas país”.

Asimismo expresó su profunda admiración y respeto al ex senador Boeninger “siempre he admirado a quienes más allá de cualquier premio o recompensa, más allá de cualquier convicción o creencia en el futuro, más allá de cualquier signo partidista hacen el bien porque estiman que es correcto, sirven a su Patria porque estiman que es lo justo, dicen la palabra oportuna porque tienen convicción en que el ser humano es capaz de producir grandes cosas, y aman al prójimo solamente porque ven en él a un prójimo. Siempre he admirado a esos hombres y Edgardo creo que es uno de ellos y de los más notables”.

DISCURSO

Es para mi un honor en representación del Senado dedicar estas palabras de despedida para el gran servidor público y destacado senador, Edgardo Boeninger. 

 

En primer lugar quisiera trasmitir a su familia, a Martita y a sus hijos y nietos,   a quienes el mismo definió como su inspiración, mis más sentidas condolencias por la pérdida de este hombre excepcional con el que tuvieron la oportunidad de compartir sus vidas.

 

Porque son precisamente, ejemplos de vida como el de Edgardo, de honesta y desinteresada entrega al servicio público, lo que la labor política necesita para recuperar el prestigio y la valoración que ha perdido.

 

La profunda humildad con que asumió los altos cargos que desempeñó durante su carrera política son reflejo de una verdadera vocación pública a la que accedió por sus méritos y gran capacidad, porque tal como él lo señalara recientemente nunca levantó la mano para pedir un cargo, ni hizo zancadillas y jamás argumentó a su favor. Esta es la lógica de un verdadero servidor público que entiende que en el compromiso que asume y en las responsabilidades que ejerce debe buscarse el bienestar de los ciudadanos, la grandeza de la Patria y no la gloria personal.

 

En su función como legislador, supo privilegiar siempre el trabajo conjunto y el respeto mutuo por sobre cualquier diferencia política o ideológica, lo que le permitió ganarse la confianza y la admiración de sus colegas senadores.

 

Edgardo llegó al Senado de la República el 11 de marzo de 1998, pero no era un recién llegado a la corporación, ni un desconocido.

 

El Senado ya lo conocía.

 

Por su dilatada trayectoria de servidor público, en los distintos y variados ámbitos donde se desempeñó, siempre con sabiduría, ponderación y entrega. Ya se ha destacado en forma elocuente  su trayectoria y abundar en palabras sobre ella, cuando lo que permanece son sus obras y el reconocimiento de toda la ciudadanía, me parece innecesario.

 

Pero más que por su trayectoria, el Senado conoció íntimamente a Edgardo Boeninger como el gran ministro que fue de don Patricio Aylwin, encargado precisamente de relacionarse con el Congreso y, en esa relación, buscar los acuerdos, los entendimientos y crear el clima, que hicieron que ese gobierno culminara en forma exitosa la tarea quizás más difícil que le pueda tocar a un gobernante: gobernar en paz, después de un largo período de un gobierno militar; facilitar el paso de un régimen, por definición de excepción, hacia uno permanente, con respeto a todas las posiciones, corrigiendo lo que había que corregir y preservando aquello que era bueno para el país.

 

Dentro de su dilatada vida como servidor público, esos cuatro años quizás sean recordados como los más fecundos y trascendentales en la vida de Edgardo Boeninger. Con razón el presidente Aylwin se emocionó al despedir los restos de su amigo y ministro. 

 

Llegó pues al Senado, al igual como alcanzó cada uno de los logros en su vida, en virtud de sus méritos, gracias a su esfuerzo, porque se forjó en la adversidad y la superó, porque vivió siempre con sencillez, entregándose por entero a la causa de Chile.

 

Si estas características y virtudes pudieran acompañar siempre a quienes somos elegidos para representar a los ciudadanos en el Parlamento, no me cabe la menor duda que nuestro país sería un mejor país, que nuestras políticas estarían siempre orientadas al bien común y que nuestros esfuerzos por mejorar la condición de los más necesitados darían frutos y nuestros compatriotas podrían tener una vida mejor.

 

Por su vasta experiencia y destacada trayectoria pudo contribuir al perfeccionamiento de innumerables leyes en diversas áreas. Cómo no recordar el rol que jugó en los distintos proyectos de la reforma a la salud, en el análisis de las modificaciones a la ley general de pesca, su participación en la Comisión de Hacienda y en la Comisión Mixta de Presupuesto y en el estudio y aprobación de las reformas constitucionales del año 2005, entre otras importantísimas materias.

 

Pero, paradojalmente, las estadísticas le jugarán una mala pasada a este brillante ingeniero. No hay estadística ni registro alguno que sea capaz de seguirle la pista a este legislador que participaba en todas las comisiones, que se interesaba en todos los proyectos, que se esmeraba por lograr acuerdos y producir buenas leyes. Porque Edgardo se caracterizó también, en su paso por el Congreso, por sus dotes de articulador de acuerdos y su permanente dedicación a los grandes temas del país.

 

Su aporte al Parlamento no terminó en el 2006 cuando dejó su puesto en el Senado. En estos últimos años siguió contribuyendo con sus conocimientos, experiencia y buen juicio en distintas comisiones y asuntos.  En su calidad de vicepresidente de ChileTransparente, presentó sus puntos de vista en el proyecto que regula el lobby y como presidente de la comisión asesora presidencial de reforma al sistema electoral, en el proyecto de reforma al sistema político. 

 

Hace dos o tres semanas estaba en el Senado dando sus ideas y trasmitiendo su valiosa experiencia.

 

También contribuyó con una nutrida bibliografía política que desarrolló hasta sus últimos momentos. Es por ello que esperaremos con gran ilusión la publicación de su última obra de la que, sin duda, obtendremos muchas valiosas opiniones y una mirada hacia al Chile del futuro hecha con su sabiduría de siempre y con la visión sublime y desinteresada de quién sabía que, muy probablemente, serían sus últimas palabras.

En un periódico de ayer, un destacado columnista analiza el libro póstumo de Edgardo, Chile Rumbo al Futuro, y sin saber que junto con aparecer el periódico moriría Edgardo, encabezó su artículo bajo el título “El testamento de Boeninger”.

 

Dicho libro y en la vida de Edgardo, constituyen su legado, su testamento. De éste legado y para los tiempos actuales, hay que destacar la preocupación de Boeninger por el deterioro del debate y el surgimiento del oportunismo e individualismo en la política. Su propuesta de renuncia a cualquier supuesta superioridad moral y un llamado urgente a la renovación generacional y de género. Y su sentido también de urgencia frente a la necesidad de mejorar, sustancialmente, la educación en Chile.

 

En su artículo Ascanio Cavallo dice que “con su estilo seco, conciso, antiespeculativo y archi – racional” Edgardo nos va a legar un libro que va a quedar probablemente inscrito en los anales de los libros políticos.

 

Al leer esa frase ayer, me vino un sentimiento, y permítanme expresarlo, porque es muy personal: hay personas que en su vida actúan motivados por una fe, por una convicción en el más allá y se entregan con ardor a ello; hay otros que actúan motivados por una ideología, por la pasión de un movimiento y también se entregan con ardor a ello. Y probablemente tanto unos como otros pueden hacer muy grandes obras. Yo siempre he admirado a quienes más allá de cualquier premio o recompensa, más allá de cualquier convicción o creencia en el futuro, más allá de cualquier signo partidista, hacen el bien porque estiman que es lo correcto. Sirven a su patria porque creen que es lo justo. Dicen la palabra oportuna porque tienen la convicción que el ser humano es capaz de producir grandes cosas, y aman al prójimo solamente porque ven en el a un prójimo. 

 

Siempre he admirado a esos hombres y Edgardo es uno de ellos y de los más notables.

 

Es mucho lo que deja Edgardo, todos quienes lo conocimos y tuvimos la oportunidad de trabajar con él, sabemos que su muerte es una gran pérdida para el país, pero también estamos seguros que su ejemplo y su legado seguirán inspirando a nuevas generaciones y contribuyendo a la construcción del Chile del futuro.

 

En el nombre del Senado de Chile, expreso mi más sentido pésame a Martita, a sus hijos y nietos, a sus camaradas de partido, la Democracia Cristiana, a sus camaradas de la Concertación y a todos los chilenos y chilenas que hoy sienten que alguien muy importante nos ha dejado.

 

Edgardo Boeninger, descansa en paz.

 



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