Carta a El Mercurio


Señor Director:

Quiero señalar que comparto plenamente la columna escrita en su diario por el ex presidente del Metro, Blas Tomic, este jueves. En ella afirma que el fracaso del Transantiago se explica, en gran medida, por la existencia de una administración pública de bajo nivel y poco especializada. Dicha afirmación no sorprende en lo absoluto, dado que los criterios de selección del personal por parte de los gobiernos de la Concertación tienen más que ver con el cuoteo político que con las capacidades, con el amiguismo que con el profesionalismo, con la táctica de poner peones al servicio de intereses partidistas que al servicio del bien común.

Puedo señalar con orgullo que Chile cuenta con recursos humanos de primer nivel, los cuales por alguna extraña razón no son elegidos para ocupar puestos de relevancia en organismos estatales. Y esto no se explica sólo por los bajos sueldos que ofrece el sector público –porque conozco a muchos profesionales de gran nivel que con gusto contribuirían al desarrollo del país- sino que por la primacía de la maquinaria partidista a la hora de asignar los cargos.

Comparto con el señor Tomic que más allá del debate ideológico sobre cuáles políticas públicas son las adecuadas, éstas debieran realizarse con excelencia. Sin embargo, creo que el fracaso del Transantiago no se debe sólo a una pésima implementación, sino que también al sesgo ideológico que impera en el diseño. Se pasó drásticamente de un sistema de libre mercado, con recorridos y número de micros acorde a la demanda, a uno centralizado y manejado por el Estado. Creo que el cuoteo político y el estatismo están en el ADN de la Concertación y mientras ésta siga en el poder será difícil librarnos de estos estigmas, que le impiden al país crecer al nivel que debiera.

Jovino Novoa Vásquez



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