La caja negra de los programas sociales
Columna Diario Financiero
Senador Jovino Novoa
La caja negra de los programas sociales
Es necesario hacer cambios profundos en la manera en que se invierten los recursos del sistema de protección social chileno. Pese a los buenos resultados (aunque cuestionados) que arrojó la Casen 2006, aún queda mucho por hacer para superar la pobreza en nuestro país. Un primer paso importante sería reformular completamente la forma en que funciona el Mideplan.
Como presidente de la primera subcomisión mixta me tocó analizar el presupuesto del Ministerio de Planificación para el próximo año y pude comprobar, al igual que el resto de los integrantes de esta instancia, la forma intrincada en que se estructuran los cientos de programas sociales a su cargo.
No es novedad para nadie que los fondos sociales funcionan como una caja negra. Todos sabemos cuanta plata entra pero es casi imposible rastrearla desde su origen hasta el programa específico en que se invierte finalmente. Solo Dios sabe por qué vericuetos se cuelan los recursos, por cuántos intermediarios pasan y cuánto dinero se pierde en burocracia y administración hasta llegar a su destino final.
Digo que sólo Dios sabe porque ni el mismo Gobierno ha podido entregar los datos que le hemos pedido en la comisión de presupuesto. Sólo como ejemplo, el ministerio no entrega el monto global de su gasto en administración, sólo entrega desagregados como el gasto en personal, bienes y servicios de consumo y gastos asociados a administración. Como no da a conocer los gastos totales de operación es muy difícil evaluar su eficiencia en el gasto.
Pese a la falta de datos, sabemos que el Fosis es una tremenda maquinaria manejada centralizadamente que se ramifica en cientos pequeños programas que a su vez desembocan en alrededor de 1.200 proyectos. Debido a esta maraña burocrática el Fosis lejos de mejorar su administración, el 2008 la empeora. Un 20% de su presupuesto se destinará al pago de gastos en personal, bienes y servicios de consumo y el ítem presupuestario gastos asociados a administración. En esta cifra no se incluyen los gastos de operación y de intermediación de cada programa.
A ello se le suma la ausencia de evaluaciones que midan el impacto de cada programa, por lo que muchas veces se vuelve a invertir cada año en iniciativas de baja rentabilidad social. Muchas veces ni siquiera está claro cuál es el objetivo de cada proyecto y cuáles son los criterios utilizados para seleccionar a las instituciones beneficiarias, todo lo cual vuelve aún más opaco y poco transparente al Mideplan.
Para colmo, esta cartera presenta numerosos programas que duplican a programas de otros ministerios y realiza transferencias de recursos a otros servicios. Por ejemplo, el programa ChileSolidario hace transferencias de recursos a Junaeb, Integra, Mineduc, Fonadis, Fosis e INDAP, generando una compleja red de traspasos, lo cual enreda las platas y dificulta la rendición de las mismas.
Toda esta red de intermediarios, duplicidades y el escaso control que existe sobre los recursos (y su posible utilización política) hacen que, muchas veces, parte importante del presupuesto termine “diluyéndose” y no llegando al bolsillo de los más necesitados. Cuestión que es grave en un país en que un 14% de la población vive con menos de $50.000 mensuales.