La descomposición moral de la Concertación.


Columna Diario Financiero.

Mayo 2007

Senador Jovino Novoa

La descomposición moral de la Concertación.

Aunque suene extraño, creo que la inoperancia del gobierno es un problema grave pero no es el peor que enfrenta el país en este momento. A mi juicio, el peor de los problemas que afecta a Chile hoy día es la descomposición moral de la Concertación, manifestada en las más variadas formas de corrupción y faltas a la ética, que amenaza con expandirse por todo el aparato del Estado.

No es un problema fácil de resolver, ya que tiene raíces profundas. Tal como lo señaló Jorge Schaulsohn, estas conductas se justifican y se apoyan en una ideología de la corrupción, donde ya no es considerado malo “desviar” recursos públicos para fines políticos y todo vale con tal de mantener el poder.

Lo más grave es que quienes cometen esos “errores” y son descubiertos son considerados mártires dentro de la propia Concertación, por lo que son apoyados públicamente, son visitados en la cárcel y se les ofrecen cenas de desagravio en su honor. Quienes usan platas e instalaciones públicas para favorecer al bloque oficialista no son corruptos ni ladrones, sino que son puestos en un pedestal y comparados con Robin Hood, (con la diferencia de que no se les roba a los ricos, sino que a todos los chilenos, y que la plata no se les entrega a los pobres, sino que a los partidos políticos afines).

Es preocupante como los chilenos hemos ido perdiendo la capacidad de asombro ante la corrupción y la falta de ética del gobierno. Ya no nos sorprende que el INDAP sea usado como comando de campaña por el gobierno, que se utilicen los recursos del Programa de Generación de Empleos con fines políticos, que los funcionarios públicos beneficiados con la beca Presidente de la República mantengan su sueldo (pagado con dinero de todos los chilenos) y que luego no cumplan con los compromisos adquiridos.

Tampoco nos sorprende que en Codelco los directivos modifiquen las condiciones para recibir un bono a fin de año, que se usen los fondos reservados para financiar a los partidos de la Concertación, que nadie sepa en qué se gastan los recursos de Chiledeportes, de EFE y un sinnúmero de empresas y organismos públicos.

Y lo que es peor, ya no nos sorprende que millones de santiaguinos se demoren tres horas en llegar a su casa y que sean humillados diariamente por un sistema de transporte mal diseñado y mal implementado (lo cual, sin duda, también conlleva una grave falta de ética).

El problema es que la corrupción del Estado produce también un relajo en las normas de conducta de la sociedad en general. Valores como la honradez, la austeridad y el sentido del deber comienzan a debilitarse poco a poco en un camino de difícil retorno y son precisamente las autoridades las llamadas a dar el ejemplo.

Creo que la descomposición moral de la Concertación ha sobrepasado todos los límites imaginables y la única forma de impedir que siga avanzando es sacando del canasto las manzanas contaminadas. El problema es que ya son tantas que la única solución posible es un cambio de gobierno. Para ello faltan dos años todavía, período en el cual lo único que podemos hacer como Alianza es fiscalizar en forma permanente y construir una alternativa real frente a la Concertación.



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