Las dos almas de la Concertación


La historia vuelve a repetirse. El ministro del Trabajo, Osvaldo Andrade, nuevamente metió sus narices en el conflicto entre los trabajadores subcontratados y Codelco, el cual tiene a la cuprera sumida en una huelga de más de dos semanas, con pérdidas para el país de cerca de US$100 millones.

No es raro que el ministro apoye la negociación directa entre Codelco y los empleados de sus empresas subcontratistas, porque ya había tenido la misma postura en las movilizaciones del año pasado. Lo extraño es que Andrade vuelva a desautorizar al Gobierno en una materia de la mayor relevancia y que aún permanezca en su cargo.

Creo que ya es hora de que la presidenta Bachelet tome cartas en el asunto y que defina de cara al país su postura a este respecto. O respalda al titular de Hacienda, Andrés Velasco, al Ministro del Interior, Edmundo Pérez Yoma, y al presidente de Codelco, José Pablo Arellano, -quienes son de la tesis de no la no intromisión- o apoya a Andrade, en cuya naturaleza parece estar meterle leña al fuego cuando se trata de conflictos sindicales. Si opta por los primeros es razonable que le pida la renuncia a este último, en vez de tenerlo fondeado para que esta contradicción, que existe y se mantiene, no salga a la luz.

Hasta ahora, la presidenta ha tomado palco en este tema, evitando zanjar una diferencia ideológica que existe, desde el comienzo de su gobierno, entre socialistas muy estatistas y otro sector de la Concertación, más liberal. En su gabinete conviven ministros que defienden a brazo partido el modelo económico liberal y otros que miran al empresariado con desconfianza y reciben en La Moneda a dirigentes sindicales violentistas (como fue el caso de Andrade, quien recibió a Cristián Cuevas, líder de la CTC que promovió movilizaciones contra Coldelco el año pasado, en las cuales miembros exaltados provocaron hasta ataques incendiarios).

Esta bipolaridad dentro del gobierno no es sana ni buena para el país. Si bien la presidenta se ha preocupado de guardar las apariencias (evitando tomar partido públicamente por una de estas posturas), a mi juicio, ella hace rato que optó por el alma socialista de la Concertación. Prueba de ello es que propuso un proyecto que pone fin al lucro en la educación e implementó un sistema de transporte centralizado, que pasa por alto las reglas de la oferta y la demanda y que le cuesta al país miles de millones. También apuntan a una línea más radical las críticas esbozadas por Camilo Escalona, brazo derecho de la presidenta, al empresariado, acusándolos de chupasangre.

Además, en el momento que se cambió la regla del superávit estructural y soltó la billetera fiscal, la presidenta optó por agrandar el rol del Estado y acallar las demandas sociales con plata. Esta postura siempre flexible frente a las presiones y la pésima costumbre de echarle la culpa de todo al sector privado ha generado un clima absolutamente inconveniente para el desarrollo económico y social del país.

Sin ir más lejos, la situación actual de Codelco es una consecuencia directa de la campaña orquestada desde el gobierno para satanizar la subcontratación y la tercerización de servicios. Mientras los países más pujantes buscan flexibilizar el mercado laboral, distribuir las funciones entre distintas empresas, aumentar la competitividad, en Chile vamos para atrás.

Repito, o la presidenta apoya a Velasco o apoya a Andrade, a Cuevas y a otros personajes con discursos de izquierda trasnochados. Tener estos dos discursos no sólo afecta su propio liderazgo, sino que además confunde al país y lo aletarga.



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