Menores y alcohol


Columna publicada en www.senado.cl el 30 de septiembre de 2009

Habitualmente nos gustar liderar rankings a nivel internacional, lamentablemente lideramos uno del cual deberíamos salir corriendo. Chile se encuentra entre los cuatro países con mayor abuso de alcohol entre menores de edad.

El consumo de alcohol por parte de los menores de edad es un tema que afecta a nuestra sociedad hace más de diez años y si bien es una tendencia internacional, no nos podemos quedar tranquilos al saber que el 25,9% de los adolescentes chilenos ha bebido alcohol en el último mes, según un estudio de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Ministerio de Educación.

Los adolescentes (12 a 18 años) chilenos consumen tres veces más alcohol que los de Estados Unidos y duplican el consumo de los italianos, griegos e islandeses.

En promedio en Chile los menores de edad comienzan a ingerir alcohol entre los 13 y 14 años. Asimismo, el 40% de los jóvenes entre octavo y cuarto medio reconocer haber consumido alcohol recientemente.

Respecto el abuso de alcohol, este afecta mayoritariamente a la población más joven, la tasa de abuso de alcohol es de 17,7% entre los 12 y 18 años, y de 13,6% entre los 19 y 25 años, decreciendo conforme se asciende en grupo etario.

Debido a estas alarmantes cifras, y a que se acercan las Fiestas Patrias – ocasión donde comúnmente se abusa del alcohol – me reuní esta semana con personas expertas en el tema para conocer de primera fuente cómo se estaba tratando este tema en el país.

A la cita asistieron el director del Instituto Médico Schilkrut, el  psiquiatra Alejandro Fernández, el Jefe del área tratamiento y rehabilitación del Conace, el psiquiatra Mariano Montenegro, el director ejecutivo de la Fundación Paréntesis, Pablo Egenau, la directora ejecutiva de la Fundación Paz Ciudadana, Francisca Werth, la directora ejecutiva de la Corporación Esperanza, Ana Luisa Jouanne, y la experta en el tema Catalina Dropelmann.

Una de las conclusiones del encuentro fue que las políticas públicas deben enfocarse en retardar lo más posible la ingesta de bebidas alcohólicas en personas de menos de 18 años.

A reglón seguido es fundamental para revertir estas cifras el rol de los padres en la familia. Es más probable que consuman alcohol los hijos de padres que no los van a buscar personalmente cuando salen de noche o que no acostumbran al menos comer una vez al día con ellos, por mencionar algunos de los datos obtenidos en estidios hechos por el Conace.

A lo anterior, se agrega un problema cultural, de partida no hay claridad qué cantidad es la normal que puede consumir una persona, en el caso de los menores de edad la cantidad es clara: cero.  No obstante, hay costumbres que estimulan lo contrario, por ejemplo, la idea de que los niños “deben aprender a tomar desde chicos”, es una falacia y sólo produce daño en los menores de edad.

Sumado a esto, está la concepción errónea de los jóvenes, de que el que toma es más “choro” o más “hombre”, versus que el que no ingiere alcohol es “perno”. Asimismo, los adolescentes y los jóvenes tienen la falsa percepción de que “para pasarlo bien hay que tomar trago”.

Sin lugar a dudas, hay una serie de paradigmas que romper en torno a este tema.  No es posible que el 45% de los menores de edad en Chile no considere peligroso el consumo de alcohol y es más lamentable aún que más del 40% de los padres de adolescentes declaren que no consideran grave que su hijo se emborrache.

Al término de la cita concluimos que por parte del Senado, podemos reimpulsar iniciativas que tienen que ver con el consumo de alcohol en menores de edad, por ejemplo la de incorporar al currículo escolar los contenidos de prevención de alcohol y drogas y, en el proyecto de ley que crea el Ministerio de Seguridad Pública y el Servicio Nacional para la Prevención del Consumo y Tráfico de Drogas, darle suficientes atribuciones a este último organismo.



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