La Concertación y el mito del Chile del primer mundo.
Hace años atrás la Concertación prometió que Chile sería un país desarrollado el 2010, año en que se alcanzaría un PIB per cápita similar al de países del “primer mundo”. Sin embargo, las bajas tasas de crecimiento de la última década obligaron al ministro de Hacienda, Andrés Velasco, a postergar ese desafío para el 2020. Hoy día, muchos economistas señalan que ni siquiera podremos cumplir esta meta.
EI PIB promedio de Chile en la última década fue de 3,7%. A ese ritmo alcanzaremos un PIB per cápita de un país desarrollado (US$ 20.000) en cerca de 30 años. Si queremos acortar la brecha tendremos que crecer a un ritmo más acelerado, cuestión que aún parece no entender el gobierno.
El problema de fondo es, ciertamente, el errado enfoque de las políticas económicas de los gobiernos de la Concertación, que han preferido concentrarse en la distribución de la riqueza en vez de incentivar la inversión para seguir creciendo. Obviamente, si la prioridad es repartirse la torta en vez de hacerla crecer llegará un momento en que todos seremos más iguales, pero más pobres. A ello se le suma la ineficiencia de un enorme aparato estatal que funciona con criterios políticos y no técnicos. Por esta razón, ni siquiera se han cumplido los desafíos sociales necesarios para crecer más, partiendo por mejorar la calidad de la educación pública.
Además, cegada por su ideología, la Concertación ha postergado incesantemente las reformas microeconómicas más urgentes, como la flexibilización del mercado laboral y la reducción progresiva de los impuestos a la inversión. A ello se le agrega una evidente falta de visión para enfrentar problemas relevantes como la crisis energética y el transporte público.
Mientras tanto, los países de la región crecen a tasas de 6% (Uruguay), del 7% (Colombia), del 8% (Argentina) y del 9% (Perú) y los países desarrollados, a los que aspiramos alcanzar, no están estáticos, sino que siguen creciendo y se hacen cada vez más inalcanzables.
El panorama económico no es nada alentador. La crisis subprime en Estados Unidos, la sequía y los problemas energéticos amenazan con poner las cosas aún más difíciles este año. Pero creo que el gobierno no le puede echar la culpa de todos los males a factores exógenos o ajenos su acción.
La semana pasada el ministro de Hacienda, Andrés Velasco, señaló en Icare que la crisis subprime es la más seria en 30 años y le pidió a los empresarios actuar unidos frente a las dificultades. Espero que con ese llamado no se esté poniendo un parche antes de la herida, ni se intente magnificar los efectos de la crisis para justificar futuras cifras macro negativas.
La responsabilidad del bajo crecimiento económico de Chile en la última década es, en primer lugar, de la Concertación y no del escenario económico mundial, ni de ni los fenómenos climáticos. Prueba de ello es que nuestros países vecinos, expuestos a los mismos efectos foráneos, están creciendo el doble que Chile.
Y es cierto lo que dice Velasco: el gobierno no es milagrero. Pero lo que se le pide no son milagros, sino que aprovechar la oportunidad real que tiene el país de dar un salto al desarrollo y mejorar la calidad de vida de las personas. Si hoy día, con un altísimo precio del cobre en los mercados internacionales y con más recursos fiscales que nunca en la historia crecemos a un ritmo menor que el de los países latinoamericanos, no sé qué nos espera cuando las condiciones externas sean menos favorables.