Sueldo justo


Columna Diario Financiero Agosto

Senador Jovino Novoa

Sueldo justo.

El debate actual sobre el denominado sueldo ético, puesto en el tapete por la Iglesia e inflado con bombín por la Concertación, me parece totalmente artificial. A todos nos gustaría que los sueldos fueran más altos para que las personas pudieran vivir dignamente, pero bien sabemos que esta no es una cuestión de voluntad.

Es imposible aumentar los sueldos por decreto, de la misma manera que es imposible fijar por ley el crecimiento del país, porque ello no depende de lo que diga una norma sino que de las condiciones del mercado, de la realidad económica que vive el país. Una cosa es cómo nos gustaría que fuera el mundo y otra muy distinta es como son las cosas realmente. Lamentablemente, tampoco podemos disminuir por ley los índices de delincuencia o los problemas del Transantiago, aunque hay muchos legisladores que aún piensan que con más leyes se resuelven los problemas.

Ahora el Gobierno anunció la creación de otra comisión presidencial, llamada elegantemente “consejo asesor sobre equidad social” con la intención de seguir dándole cuerda al tema del sueldo ético, a sabiendas de que se terminará evacuando un informe lleno de buenas intenciones pero sin ningún efecto práctico. En definitiva, un sueldo estético.

De paso, el oficialismo pretende obtener dividendos políticos, reflotando el viejo mito de que los empresarios son los causantes de la desigualdad. Sin embargo, la única responsable ha sido la propia Concertación al fracasar en sus intentos por mejorar la calidad de la educación, la única válvula verdaderamente eficaz para mejorar los ingresos de las personas.

Por esencia no estoy de acuerdo con las teorías conspirativas de que los ricos son ricos a expensas de los pobres. Lo que ha empobrecido a los países de América Latina es precisamente que han llegado al gobierno una tropa de personas con esta teoría. Creo que es peligroso volver mirar la realidad como un enfrentamiento entre ricos y pobres, entre empresarios y trabajadores. Creer esto es un camino a la pobreza.

Coincido con las buenas intenciones de monseñor Goic, pero creo que debiéramos hablar de sueldos justos, tanto en el sector público como en el sector privado. Un sueldo justo es el que toma en cuenta la productividad del trabajador y de la empresa, las condiciones de competitividad en las que se desenvuelve el país y la empresa, que está ligado al crecimiento y a la capacitación del trabajador y que toma en cuenta también a los que no tienen trabajo.

Muchas veces, lo vemos por ejemplo en el caso de Codelco, hay grupos que ejercen presión y pueden obtener altísimos ingresos no necesariamente relacionados con la eficiencia de la empresa o con su aporte a ella, entorpeciendo en algo el desarrollo del país y perjudicando así a quienes no tienen trabajo.

Para lograr un sueldo justo para todos se requieren las condiciones necesarias para que exista un mayor crecimiento económico, aumente la productividad, mejore la capacitación y se fomente el pleno empleo. De lo contrario, si se intenta subir el sueldo a la fuerza sin respetar las leyes del mercado, se terminará generando un remedio peor que la enfermedad: con pymes quebradas y un aumento de la tasa de desempleo.

Sin embargo, creo que es necesario establecer un mínimo por sobre el cual no sea legítimo que un empleador contrate un trabajador. La determinación de ese piso corresponde al legislador, quien no sólo deberá tener en cuenta las aspiraciones de todos sino que la realidad del mundo económico, que muchas veces no alcanza a satisfacer las necesidades de todos. Y es el Estado con su rol subsidiario el llamado a poner a todos en posición de obtener un ingreso que le permita a las familias vivir dignamente.



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